Pongo pie con estas palabras en
un jardín del que no sé si saldré sin daño pues parece una paradoja
irresoluble ser cazador y, al tiempo, condenar la fiesta de los toros. Eso es
zarza de mucha espina, tercio de banderillas del que no escaparé sin algún
chicotazo en las costillas. Las veces que me he atrevido a decirlo en público
me han hecho callar por ser, por mi afición a la caza, también yo un matador;
peor aún, pues la muerte que yo doy viene empañada por la distancia que pone la
pólvora, que no tiene nada que ver con el duelo más equilibrado que existe entre
el pitón y el estoque. En pocas ocasiones me han dejado ir más allá, por eso
ahora que tengo la palabra de mi mano quiero dejar escrito el porqué de mi
mucho atrevimiento.
En la caza hay " estratagemas, astucias, insidias, para vencer a su salvo al enemigo; padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos" El Quijote (Capítulo XXXIII)
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viernes, 20 de febrero de 2015
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