En la hechura de los galgos hay mucho de viento, como
si el aire les habitara los huesos, a modo de pájaros. Sus patas tienen un no
sé qué de alas frustradas, condenadas a volar a ras de páramo y barbecho en un
vuelo que nunca termina de despegar, quizá sea porque el de las liebres tampoco
lo hace. La sombra de los galgos – que corre tanto como ellos - tiene forma de
neblí pues a la galga primera la preñó un halcón volantón que andaba
enamoriscado de sus curvas de viento mamífero. A estos perros la velocidad les
sustancia la vida; y también se la quita, cuando les falta.
En la caza hay " estratagemas, astucias, insidias, para vencer a su salvo al enemigo; padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos" El Quijote (Capítulo XXXIII)
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miércoles, 28 de enero de 2015
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