Cada año, con la fatalidad de las
primaveras, los periódicos recogen la imagen de un hombre enarbolando un bastón
para descargar un golpe mortal sobre la cabeza indefensa de una foca. En
Canadá, por estas fechas, se abre la veda para la captura – digo captura y no
caza- de miles de estos animales. La sangre de las focas arpa tiñe de rojo el
hielo flotante del golfo de San Lorenzo y esa bandera bermellón es el
pistoletazo de salida para que muchos periodistas confundan las churras con las
merinas y acaben llamando caza a lo que – ahora sí- son sólo capturas.
En la caza hay " estratagemas, astucias, insidias, para vencer a su salvo al enemigo; padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos" El Quijote (Capítulo XXXIII)
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miércoles, 25 de marzo de 2015
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