Si uno entiende bien el paso de
los años, termina aprendiendo a sacarle la savia a algunos momentos que antes
pasaban desapercibidos. La caza, en esto, no es una excepción. Pasadas las primeras
fiebres que exigían un tratamiento a base de muchos tiros y mucha carne muerta;
algunos cazadores, entre los que creo encontrarme, alcanzan un estado de calma
cinegética, de no demanda de una contraprestación abultada en el morral. En esta
fase, se pone el acento en el detalle, en ese maravilloso mundo cinegético al
por menor.
En la caza hay " estratagemas, astucias, insidias, para vencer a su salvo al enemigo; padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos" El Quijote (Capítulo XXXIII)
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martes, 17 de noviembre de 2015
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