Cada cazador, sin
siquiera darse cuenta, va construyendo a lo largo de su vida una biblioteca
imaginaria en la que guarda la memoria no escrita de sus mejores lances, de los
tirachinas y escopetas que pasaron por sus manos y, por supuesto, de los perros
que le acompañaron a lo largo de su vida, compañeros fieles que por una u otra
causa no soportaron la longevidad natural del hombre. Hoy quería contaros la
historia de Canelo, el que fue mi perro de la infancia y cuya hazaña perruna
merece estas líneas.
En la caza hay " estratagemas, astucias, insidias, para vencer a su salvo al enemigo; padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos" El Quijote (Capítulo XXXIII)
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jueves, 26 de marzo de 2015
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