Colgar la escopeta de forma voluntaria y definitiva es una
decisión traumática, al menos para los cazadores que lo somos desde el destete.
Cosa distinta es el significado de esa misma decisión para aquellos cazadores
que lo son de manera sobrevenida, es decir, aquellos que llegaron a la caza por
razones distintas a un imperativo atávico y primario. Para estos últimos, dejar
de cazar es más fácil, menos doloroso, les basta con una razón que les asista:
dinero, cambios de residencia, circunstancias familiares, hasta el mismo
aburrimiento puede ser causa suficiente para decir - como lo haría Gary
Cooper- adiós a las armas.
En la caza hay " estratagemas, astucias, insidias, para vencer a su salvo al enemigo; padécense en ella fríos grandísimos y calores intolerables; menoscábase el ocio y el sueño, corrobóranse las fuerzas, agilítanse los miembros del que la usa, y, en resolución, es ejercicio que se puede hacer sin perjuicio de nadie y con gusto de muchos" El Quijote (Capítulo XXXIII)
martes, 16 de junio de 2015
martes, 9 de junio de 2015
Part time dog
Ser el más listo de la clase no
siempre resulta fácil, sobre todo si tus profesores se dan cuenta de tu ventaja
y le dan una vuelta de más a la tuerca de la exigencia. Los labradores tenemos
fama de ser de natural listos y eso nos pasa un peaje: lo que a lo demás les
sobra para llevar una vida de perro de lo más digna, a nosotros sólo nos vale
para cuatro palmadas en el lomo y poco más. Pero comencemos desde el principio
que mi historia tiene su aquel.
lunes, 8 de junio de 2015
Ladrillos de miedo (enero 2006)
La información global se cruza en nuestras vidas como
antes lo hacían los gatos negros, la sal derramada o los males de ojo. En la
radio se escucha el trote cochinero de las amenazas cada hora en punto. Es la
dosis diaria de miedo; parece que ya no supiéramos vivir sin ella y sólo
podemos conciliar el sueño después de dar dos vueltas a la llave de la
cerradura. Y esto vale para las mochilas en el metro, los excesos de velocidad
y el cáncer de pulmón; basta un virus para que al primer mundo le crujan las
cuadernas. Así de vulnerables somos.
Llegar a viejo
si
no estuviese tan oscuro a la vuelta de la esquina,
o
simplemente si todos entendiésemos que todos
llevamos
un viejo encima...
( “Llegar a viejo” Joan Manuel Serrat)
Ser perro de caza y llegar a viejo es tentarle los machos
al destino, comprobar que el amo no sólo anda para acariciar juventudes y que
sabe estar a la altura de los años que pasan, de las canas que tiñen el morro
de blanco. A mí me ha llegado el tiempo donde la espiga se agosta y el tallo ya
no la aguanta firme, y no estoy haciendo metáforas, que el gusto por las
hembras ya casi no lo siento si no está muy maduro el fruto del celo, y eso,
como aquel que dice, son tres días. Al celo como a la caza ya sólo llego para
lo justo, cumplir con la muestra y si la pieza se va alicorta o coja, dejar el
cobro para los jóvenes, que si hace tiempo que dejé de estar para las liebres
que sacaba de la cama, ya también me ha llegado el de no estarlo tampoco para
los conejos desriñonados.
viernes, 5 de junio de 2015
Vallas, gripes (diciembre 2006)
Las vallas, según desde qué lado se miren, están para
impedir el paso o para saltarlas. Los que están dentro a veces quieren salir;
los que andan fuera en según qué circunstancias quieren verse dentro. La vida
también es ese trágico vaivén de saltos sobre alambres de espino. Digo esto
después de ver unos guantes clavados sobre una alambrera de espino y un cochino
tiroteado junto a una talanquera. Las
vallas, las alambreras y los muros, están para marcar la diferencia, para
proteger lo que es de uno, o lo que es de otro, según – ya he dicho- el lado
desde el que se mire. En los vidrios rotos y en las espinas que las coronan
anida la vergüenza de su presencia muchas veces inevitable.
miércoles, 3 de junio de 2015
Horchata y ratones
Como si fuera Dulcinea, Castilla- La Mancha ha aprovechado
el Cuarto Centenario para desnudarse en público, sin el menor pudor y al amor
de las palabras de Don Quijote. Parece que Cervantes hubiera inventado hace ya
cuatro siglos la belleza del trigo o el calor manchego de agosto. Algo parecido
le sucede a Granada con Lorca, a Jaén con Antonio Muñóz Molina o a la Alcarria
con Camilo José Cela. A mí me gusta leer los lugares antes de conocerlos, no me
importan en absoluto los prejuicios líricos, por eso me empapé de la buena
literatura de Manuel Vicent antes de pasear por las orillas del Mediterráneo
muy cerca de las pocas huertas que van quedando cerca del mar, en Denia.
martes, 2 de junio de 2015
Simetrías razonables
Decía Guillermo Cabrera Infante que el mar es otro
tiempo, el tiempo visible, otro reloj.
Esta metáfora tremenda viene muy al caso, primero, porque estas líneas
van de las distintas hechuras que gasta el tiempo para saltar adelante y atrás
en su corriente imparable; y segundo, porque escribo estas líneas un día de
lluvia, a orillas del mar, muy lejos del monte que es el ramaje propio de mis
escritos; y en tales circunstancias – el cielo por fin gris, las olas batiendo
incansable, tenazmente- es inevitable
que el poeta adolescente que alguna vez fuimos nos asalte a punta de navaja
para exigir su parte alícuota del pastel. Habrá, pues, que dejarle hacer.
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